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(Occidental)
Legado ancestral de la adivinación a través de la influencia de los astros.
Se compone básicamente de los doce signos zodiacales:
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El HOROSCOPO ASIRIO
(OCCIDENTAL)
El desarrollo histórico de la adivinación a través de los astros y de los calendarios lunares (astrología china) y solares (astrología occidental), engloba dentro de sí innumerables movimientos pretéritos y antiguos en cuanto a su origen, pero aún nuevos respecto a su práctica y estudio. Las ancestrales predicciones del fin del mundo, el Apocalipsis, San Malaquías Nostradamus y el universo esotérico de la profecía y sus interpretaciones, se imbrican mutuamente con el tiempo para, al fin, constituirse en utopías de un mundo mejor y sus diversas formas a lo largo de la historia. Hay que mencionar también "La Ciudad de Dios", la fraternidad universal, los enfoques humanos desde los pacifistas a los destructores de la esperanza. Y, además, el Zodiaco, la carta astral; el ser humano como proyección de planetas y estrellas; la transmigración, el nirvana, los paraísos y toda
la magia de la eternidad desde sus creadores y las doctrinas. Todo esto nos conduce, sin voluntarismos de ningún tipo, a una visión enciclopédica de las personas, reales o no, que han ido configurando los universos soñados, visibles e invisibles de un futuro cercano y lejano, de una salvación eterna o de la rueda del cambio eterno hasta la perfección. Todo esto va a configurar, sin duda, las escuelas mundiales del pensamiento místico, filosófico y humanístico. De entre todo este cúmulo de grupos, movimientos, hechos, ideas y acciones aparece la astrología, para unos arte, para otros ciencia; para sus detractores, ni una cosa ni otra. Sin embargo, existen documentos, pruebas y datos que demuestran hasta qué punto la astrología regía la antigua civilización caldeo-asiria. Estos pueblos se establecieron a orillas del Nilo y del Eúfrates, y parece que los documentos astrológicos más antiguos que
se conservan proceden, precisamente, de estos pueblos. Obras como la Iluminación de Bel, escrita por el rey Sargón (=Soberano recto y Señor de las cuatro partes del mundo), hace casi cinco mil años, narran y muestran el alcance del culto a los astros por parte de todos los sacerdotes caldeos. Esta obra está incluida en las tablas de arcilla, de escritura cuneiforme, de la biblioteca de Nínive que Asurbanipal construyó durante su reinado, que tuvo lugar desde el año 668 al año 626 a.C.
Entre las 2.200 tablas de arcilla que componían esa gran biblioteca de Nínive había textos de medicina, de filosofía, de historia; también textos mercantiles, composiciones poéticas, materias astronómicas y astrológicas. Las observaciones astronómicas y astrológicas de la obra Iluminación de Bel contenían cálculos para saber con antelación cuándo iban a producirse eclipses, tanto lunares como solares; menciona, -también, cierto tipo de predicciones astrológicas y enumera algunas reglas apropiadas para interpretar los sueños, adelantándose por ello al psicoanálisis y la psicología de nuestro tiempo. Los caldeos y los asirios sólo conocían cinco planetas a los que, junto al Sol y a la Luna, adoraban como dioses; incluso los nombraban "dioses intérpretes", pues mediante la observación de esos planetas podían interpretar y conocer determinados
acontecimientos, tanto personales como sociales. Aquí nacen las teorías astrológicas de las llamadas Casas del Cielo, es decir, el cielo aparece dividido en 12 partes que corresponden a los 12 signos del Zodiaco. Estos recopiladores y estudiosos antepasados han contribuido, además del gran prestigio alcanzado en su tiempo, al desarrollo de la moderna astrología. Fue tal su fama, que se cree que hasta Alejandro Magno les consultaba para tomar decisiones difíciles: las predicciones que le hicieron parece que siempre se cumplieron.
Sin embargo, serán los egipcios quienes elevarán la Astrología a la categoría de ciencia de los astros; junto con los caldeos formularon la teoría de las influencias astrales. Una vez aceptada tal influencia, se hacía necesario hallar el momento adecuado en la vida de los seres humanos para que obrara la acción influyente de los planetas, precisamente para conocer esta vida con anterioridad y predecir el futuro. En este punto surgen las divergencias entre los astrólogos de todos los tiempos, no sólo entre los de aquella época; levantar un horóscopo, confeccionar una carta astral, no será tarea difícil, pero su interpretación no estará al alcance de quienes tomen a la astrología como un juego, como algo lúdico. Entre los mismos estudiosos del tema existen serias diferencias: mientras unos toman para sus mediciones e interpretación del cielo el día y hora, mes y año de nacimiento,
otros, en cambio, defienden que lo correcto y acertado para interpretar y predecir por medio de la carta astral y el horóscopo, sería conocer con la mayor aproximación posible el momento de la concepción. Este último método daría lugar a innegables equivocaciones, ya que, como es obvio, resulta prácticamente imposible el conocimiento exacto del momento de la concepción. Cualquier pequeña variación en ese instante habría cambiado la posición de los astros y el resultado de la carta astral sería totalmente diferente. También en la Antigua Grecia la astrología ocupó un lugar destacado; incluso Hipócrates de Cos pensaba que podía ser útil en el pronóstico de las enfermedades y contribuir a su curación; así lo expone en su famosa obra Aere Aqua et locis.
Dejando aparte la Astrología India, que considera al Zodiaco dividido en 28 partes (28 casas), llegamos hasta los romanos, cuyas investigaciones astrológicas, así como la temática de sus interpretaciones y su simbología, darán lugar a la Astrología de la Edad Media. Aquí, árabes -también judíos, aunque su monoteísmo se lo prohibía- y algunos cristianos, fomentaron los estudios astrológicos y fijaron los grados de influencia de las casas y su relación con los planetas en el instante del nacimiento.
Según parece, Catalina de Médicis propagó en Francia la astrología y ordenó construir un observatorio para el gran Nostradamus (Miguel Notredame); además, éste fue nombrado astrólogo privado de la corte de Francia y debe su fama especialmente a las predicciones de sus célebres centurias, en las que adelanta sucesos como la muerte de Luis XVI y hechos que luego sucedieron durante el reinado de Napoleón I.
También en el siglo XVI un médico de Vich, Juan Alemany, confeccionó un almanaque astrológico que todo el mundo consultaba y que llegó a tener gran aceptación. La astrología, pues, tiene un pasado nada efímero y sigue atrayendo en la actualidad a innumerables estudiosos de todo el mundo; también es objeto de estudio mediante técnicas modernas por medio de computadoras, que actualizan y renuevan supuestos y métodos ya anticuados. Puede afirmarse, por tanto, que la astrología tiene hoy más adeptos que detractores.
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