Una pareja de recién casados en su primera noche. Él va al cuarto de baño a
lavarse los pies porque le olían una barbaridad, se empieza a frotar con lejía,
se los seca y sale. Seguidamente va ella y se enjuaga la boca, una y otra vez,
porque el olor de aliento echaba para atrás.
Cuando ya están en la cama, le dice él a ella: ¡Cariño, cariño! tú nunca me
engañarías ¿verdad?
- Claro que no, cariño
- Pues dime una cosa: ¿Tú te has comido los calcetines que yo he dejado en el
lavabo?